miércoles, 17 de junio de 2015

Naturaleza muerta



Hay veces que sabes que el dolor sirve para algo, y por eso lo aceptas con la vista puesta en los frutos: los maltrechos pies de una bailarina de clásico, la cicatriz aún tierna de un donante de riñón, la herida burbujeante al desinfectarse o la cara desencajada de una mujer dando a luz.

Pero, ¿y cuando sabes que es un dolor baldío?, ¿cuando sabes que todo el fruto que pueda dar va a ser amargo y bien amargo?.

Una vez más cenas tu plato estrella: Ajo y agua.



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